Ahora bien, en aquel principio ambos dos estaban desnudos, pues dado que no había academia de canto, mucho menos iba a haber mercadillos gitanescos, por lo que no podían comprar ropa. No obstante, a Adán y Eva esto no les importaba, pues no eran conscientes de su desnudez, probablemente por alguna carencia visual que les impedía verse con detenimiento y ser conscientes de sí mismos; y como en aquella época tampoco existía Afflelou, no le podían poner remedio.
Pero entonces Lucifer transformado en serpiente se arrastró por la hierba del Jardín del Edén y se enroscó alrededor del árbol prohibido por Dios, cuyas frutas no eran otra cosa que zanahorias. Porque en aquella época las zanahorias crecían de los árboles, pues Dios veía que esto era bueno, y con eso todo queda suficientemente justificado, así que, queridos lectores, dejad de cuestionar. Y Lucifer esperó hasta que Eva se arrimó un día al árbol prohibido, probablemente porque de entre todos los miles de árboles que había en el Edén pasaba por allí casualmente. Y la serpiente Lucifer díjole a Eva: “¿Cómo es que Dios Todopoderoso os prohíbe comer de este árbol?”. A lo que Eva le contestó: “No lo sé; Él simplemente nos lo dijo, y dado que nos creó para servirle y alabarlo, es lógico que lo acate sin cuestionarlo”.
Pero Lucifer era el señor de los ardides, y quería que Eva comiese la zanahoria prohibida, así que díjole: “Pero mujer, ¿acaso no sabes que la zanahoria posee vitamina A, la cual es muy beneficiosa para la vista?”. “¿En serio?”, preguntó la incrédula Eva. “¡Desde luego! Además de otros componentes eficaces para el organismo, como la vitamina E y vitaminas del grupo B como los folatos, así como la niacina. Por no hablar de su aporte de potasio, fósforo, magnesio, yodo y calcio”, le explicó Lucifer. Ante esta información, Eva quedó patidifusa, no obstante aún no estaba totalmente convencida, pues sospechaba que Lucifer pretendía engañarla. Mas el señor de los ardides guarda trucos para todos, por lo que díjole a la mujer: “Y también es bajo en calorías”. Y fue en ese momento en el cual a Eva le entró auténtico interés por la zanahoria prohibida, porque ya por aquellos principios a la primera mujer le importaba lo de perder peso, y eso que no había otras mujeres con las que compararse. Y después de comer ella de la zanahoria prohibida le dio de comer a su marido Adán, y entonces se les abrieron los ojos a ambos, gracias a la vitamina A, y pudieron ver que estaban desnudos. Ante esta novedad se cuenta que su primera reacción fue irse detrás de un matorral (quién sabe para hacer qué), pero que posteriormente, cuando Dios Todopoderoso volvía de uno de sus largos paseos por el Vacío y bajó a la Tierra para saludar, a ambos les entró vergüenza y ocultaron sus partes nobles. Y Dios quiso saber por qué se ocultaban de aquel modo. “Porque estamos desnudos, Padre Creador”, respondió Adán. “Pero antes también estabais desnudos”, reprochó Dios. “Lo estábamos, pero no éramos conscientes de ello, cual animalillo silvestre. Y ahora que me veo y soy consciente de mi desnudez, te digo que podrías haber sido un poco más generoso con mis atributos”, le recriminó Adán. Al escuchar esto, Dios estalló en cólera, y díjole: “¿Qué importa eso, si no hay otros hombres con los que la puedas comparar? Esto sólo puede significar una cosa: habéis comido del árbol que os prohibí comer. ¡Seguro que fue todo culpa tuya, Eva!”. Y Eva se sintió muy desgraciada y avergonzada por ser el origen de todos los males del hombre, y no así Lucifer que fue el creado por Dios. Tras esto, Dios maldijo a la serpiente Lucifer, maldijo a Eva y a toda su estirpe, maldijo a Adán y al suelo que él pisase, y no maldijo a nadie más porque por aquel entonces no había más gente en la Tierra. “Por haber escuchado la voz de esta mujer, que yo mismo te entregué, y comido de la zanahoria que te prohibí comer, con el trabajo de tus manos y el sudor de tu frente te ganarás el pan a partir de ahora. Os destierro para siempre del Jardín del Edén”.
Y Adán y Eva fueron baneados del jardín y desde entonces tuvieron que trabajar para sobrevivir, aunque no se sabe muy bien de qué, puesto que en aquella época no había tiendas. Y crecieron y se multiplicaron, y tuvieron muchos hijos e hijas que, por lógica, tuvieron que procrear entre ellos puesto que eran los únicos habitantes de la Tierra. Y he aquí la prueba indiscutible de que los hijos de Adán y Eva son los padres de la Humanidad, pues al parecer cuando gente de la misma familia procrea, tras varias generaciones los hijos suelen nacer con enfermedades mentales.
FIN
Por A.L.M.