jueves, 18 de agosto de 2011

Danza de la Luna Llena (Fullmoon Dance)

Pieza de música cuasiclásica y variopinta compuesta por este servidor a la que he titulado "Danza de la Luna Llena" o "Fullmoon Dance" (en inglés queda más cool) en referencia al baile que comparten los dos protagonistas de mi libro en el capítulo en que declaran su amor. La pieza es interpretada con lira y flauta, los instrumentos que tocan los dos amigos faunos de la pareja protagonista. El programa utilizado para su elaboración ha sido "Finale 2006" (no, yo tampoco lo conocía), y sí, me lo he bajado gratis de internet.
Bon voyage, petits garçons.

Por A.L.M.

sábado, 25 de junio de 2011

Frívola eternidad


Nubla antes el ocaso

a rosas y azucenas que a roquedos.

Y aun flor en su fracaso

compadece sin miedos

al que no goza de un vivir escaso.




Por A.L.M.

jueves, 23 de junio de 2011

By Rorschach

Una vez me contaron un chiste.
"Un hombre va al médico y le dice que está deprimido, que la vida es dura y cruel. Dice que se siente solo en un mundo amenazador. El médico le dice:
-El tratamiento es muy sencillo: el gran payaso Pagliacci está en la ciudad. Vaya a verle, eso le animará.
El hombre rompe a llorar.
-Pero doctor-le dice-, yo soy Pagliacci."
Es un buen chiste. Todo el mundo se ríe. Se oye un redoble. Y baja el telón.

jueves, 26 de mayo de 2011

Génesis

En el principio estaba Gahok, (el Tiempo), que nunca tomaba parte en nada y se limitaba a discurrir. Y aunque nada hiciese y nada desease, sin su presencia nada puede nacer ni mucho menos desplegarse. Y ya desde el primer momento Gahok comenzó a caminar por la inmanente oscuridad de Qurth (la Nada), y era lo único que hacía. A cada paso que daba en sus solitarios paseos el Tiempo se desarrolla más y más, siempre hacia delante y jamás sin pausa, pues Gahok nunca regresa sobre sus pasos cuando pasea por Qurth, y dada la inmensidad de Qurth, Gahok jamás encuentra ni encontrará obstáculo alguno que le obligue a detenerse.
Pero Gahok no estuvo solo mucho tiempo. Apenas dio su primer paso surgieron a su lado Nhaw (El que Hace) e Iunhaw (El que Deshace), los cuales a pesar de no tener padre, son hermanos. Por el contrario, Nhaw e Iunhaw no se consideran hermanos de Gahok, aunque sí parientes directos, y en cierto modo, aunque jamás se postran ante Gahok, los dos hermanos reconocieron desde el principio su potestad.
Poco tardó la calma de Qurth en ser quebrantada cuando Nhaw e Iunhaw surgieron de sus oscuras entrañas, en el preciso y temprano instante en que los dos hermanos tomaron conciencia el uno del otro. Quisieron ambos repartirse los dominios de Qurth, previo ofrecimiento a Gahok de participar de igual modo en la distribución. Pero Gahok mostró desinterés por problemas de aquella índole y expresó su indiferencia diciendo que podían repartirse los dominios de Qurth entre ellos dos, siempre y cuando su derecho a pasear por los mismos jamás le sea privado. Los hermanos accedieron gratamente dado que de este modo ambos abarcarían mayor dominio. Una vez repartieron a partes iguales los dominios de Qurth, Nhaw dispuso de sus feudos a voluntad, y lo primero que hizo fue otorgar identidad a regiones de Qurth que no eran nada, de modo que dejaron de ser nada y se convirtieron en algo, y Nhaw lo nombró Aü (Lo que Es). De este modo los dominios de Nhaw dejaron de pertenecer al reino de Qurth y pasaron a ser. Iunhaw no se sintió satisfecho con la decisión de su hermano Nhaw de alterar la esencia de Qurth a su gusto, y por ello solicitó el apoyo de Gahok. Pero la indiferencia de Gahok sobre los asuntos de Qurth y Aü era total, y mientras su paso por el tiempo, tanto sobre lo que es como sobre lo que no es, no se vea interrumpido, jamás mostrará interés por cuestión alguna.
Iunhaw, sin embargo, no deseaba que el reino de Aü existiese, pues su concepción era la de un Qurth eterno e infinito. Fue a hablar con su hermano tratando de adentrarse en los dominios de Aü, pero vio que le era imposible, pues Iunhaw está tan vinculado a Qurth que jamás puede abandonarlo. Fue entonces Nhaw quien intentó abandonar sus dominios y visitar a su hermano en Qurth, pero de igual modo no pudo abandonar sus feudos propios, pues el reino de Aü pertenecía a su propia esencia y no podía separarse de ella. Hablaron por tanto los dos hermanos cada uno en los lindes de sus respectivos dominios. Iunhaw exigió a su hermano que deshiciese lo hecho y devolviese su identidad originaria al reino de Aü, esto es, que lo devolviese a Qurth. Pero Nhaw se negó a ello, alegando que ahora que veía y contemplaba la potencia de Aü, se le antojaba mucho más interesante y prometedora que la sempiterna oscuridad de Qurth. Por tanto en aquel momento, descontento por la respuesta de su hermano, Iunhaw proclamó que jamás cesaría en su empeño de devolver al reino de Aü a su estado primigenio de nada, pues aquella era su auténtica identidad y así debía mantenerse el orden. Nhaw, por su parte, declaró su intención de hacer perseverar el reino de Aü contra toda fuerza externa del reino de Qurth que osase perturbarlo, así como de extender los dominios de Lo que Es más allá de los lindes de Aü para que todo aquello que es objeto de paseo de Gahok fuese parte del reino de Lo que Es.


Por A.L.M.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Introducción de "La misma canción"

Era una noche desapacible, fría y húmeda, con el cielo cubierto de nubes oscuras ocultando la luz de las estrellas y de la luna, con el viento helado y enérgico azotando las ramas de los árboles, cuando llamaron a la puerta de la casa del hombre viejo.
El hombre viejo estaba sentado en solitario en el cómodo sillón del salón de su hogar, encarado hacia la puerta y muy cerca de la chimenea. Su modesta casa de madera se ubicaba en una meseta a una considerable distancia de la aldea más cercana, resguardada del jaleo de la vida en sociedad. Más que una casa, habría que referirse a ella como granja, pues eso es lo que era, y a eso es a lo que se dedicaba el hombre viejo: tenía potros, vacas y gallinas, y de hecho hacía poco rato se había visto a sí mismo resguardando a todos sus animales en el interior del granero debido a la tormenta que se aproximaba. Pero ya no estaba en el granero, no se encontraba cuidando de sus animales ni paseando por los alrededores de su morada tal y como habría hecho si el tiempo hubiese sido propicio. Se encontraba sentado en solitario en el cómodo sillón del salón de su hogar, mirando fijamente la puerta a la que acababan de llamar, haciendo conjeturas sobre quién podría llamar a su casa perdida en lo alto de una meseta a una considerable distancia de la aldea más cercana y en una noche desapacible, fría y húmeda, sin estrellas y sin luna.
-¿Quién llama?-preguntó el hombre viejo sin levantarse de su asiento, colocando la jarra de vino que sostenía en su mano sobre la mesilla que había frente a él.
No hubo una respuesta inmediata. Se oyó no obstante el silbar del viento tres veces antes del retorno del sepulcral silencio. El hombre viejo no se alteró lo más mínimo, simplemente permaneció en su asiento aguardando la respuesta, fuese la que fuese, del enigmático visitante.
El picaporte de la puerta giró lentamente, y la misma se abrió chirriando sus bisagras, dejando visible una silueta oscura que ocupaba casi todo el marco del umbral, impidiendo de este modo que el hombre viejo pudiese distinguir que las copas de los árboles les exterior se agitaban ahora con vehemencia. Al abrirse la puerta una fuerte brisa irrumpió violentamente en la casa haciendo crepitar el fuego de la chimenea, que a duras penas soportó tan iracundo ataque sin extinguirse. El ambiente cálido y acogedor del hogar desapareció de forma súbita con la intrusión de la sombra misteriosa.
El hombre viejo no apartó la vista del umbral ni siquiera cuando unos papeles de un estante se volaron por el viento. Al cabo de unos segundos pudo distinguir en la sombra la silueta de un hombre encapuchado, aunque ciertamente su rostro era poco visible por la oscuridad, como sumido en las tinieblas de su propio atuendo.
-¿Quién es?-insistió el hombre viejo.
El hombre encapuchado dio unos pasos al frente y lentamente dejó reposar su capucha en su espalda y el rostro le quedó visible. Era un hombre joven, al menos veinte años más joven que el hombre viejo, de rostro tenso y mirada tenaz.
-Soy el hijo del hombre al que mataste, soy la sentencia que tú mismo te dictaste. Soy tu juez y tu verdugo, tu condena inevitable, tu destino inaplazable. Soy tu muerte.
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Por A.L.M.

viernes, 25 de febrero de 2011

Y dijo Near...


Nadie sabe qué es lo correcto y qué no lo es, qué es justicia o iniquidad. Si hay un dios, aunque ese dios me lo dijera, yo reflexionaría... Y yo mismo decidiría si lo que me dice es correcto o no.

jueves, 3 de febrero de 2011

Soy inmortal hasta que se demuestre lo contrario...


La muerte no existe, pues cuando estamos nosotros no está ella, y cuando está ella no estamos nosotros. Nosotros morimos, pero somos virtualmente inmortales, pues las esferas de la muerte y del individuo nunca se juntan, ya que al estar uno no está el otro. Sólo el que cree en tener que dar cuentas a alguien tras la muerte es el que se preocupa por ella. Por eso la creencia en la vida más allá de la muerte no hace más que hinchar el temor a la misma; el que la comprende realmente no la teme.
La vida tiene suficientes alicientes como para que sea bueno vivirla.
EPICURO