miércoles, 2 de marzo de 2011

Introducción de "La misma canción"

Era una noche desapacible, fría y húmeda, con el cielo cubierto de nubes oscuras ocultando la luz de las estrellas y de la luna, con el viento helado y enérgico azotando las ramas de los árboles, cuando llamaron a la puerta de la casa del hombre viejo.
El hombre viejo estaba sentado en solitario en el cómodo sillón del salón de su hogar, encarado hacia la puerta y muy cerca de la chimenea. Su modesta casa de madera se ubicaba en una meseta a una considerable distancia de la aldea más cercana, resguardada del jaleo de la vida en sociedad. Más que una casa, habría que referirse a ella como granja, pues eso es lo que era, y a eso es a lo que se dedicaba el hombre viejo: tenía potros, vacas y gallinas, y de hecho hacía poco rato se había visto a sí mismo resguardando a todos sus animales en el interior del granero debido a la tormenta que se aproximaba. Pero ya no estaba en el granero, no se encontraba cuidando de sus animales ni paseando por los alrededores de su morada tal y como habría hecho si el tiempo hubiese sido propicio. Se encontraba sentado en solitario en el cómodo sillón del salón de su hogar, mirando fijamente la puerta a la que acababan de llamar, haciendo conjeturas sobre quién podría llamar a su casa perdida en lo alto de una meseta a una considerable distancia de la aldea más cercana y en una noche desapacible, fría y húmeda, sin estrellas y sin luna.
-¿Quién llama?-preguntó el hombre viejo sin levantarse de su asiento, colocando la jarra de vino que sostenía en su mano sobre la mesilla que había frente a él.
No hubo una respuesta inmediata. Se oyó no obstante el silbar del viento tres veces antes del retorno del sepulcral silencio. El hombre viejo no se alteró lo más mínimo, simplemente permaneció en su asiento aguardando la respuesta, fuese la que fuese, del enigmático visitante.
El picaporte de la puerta giró lentamente, y la misma se abrió chirriando sus bisagras, dejando visible una silueta oscura que ocupaba casi todo el marco del umbral, impidiendo de este modo que el hombre viejo pudiese distinguir que las copas de los árboles les exterior se agitaban ahora con vehemencia. Al abrirse la puerta una fuerte brisa irrumpió violentamente en la casa haciendo crepitar el fuego de la chimenea, que a duras penas soportó tan iracundo ataque sin extinguirse. El ambiente cálido y acogedor del hogar desapareció de forma súbita con la intrusión de la sombra misteriosa.
El hombre viejo no apartó la vista del umbral ni siquiera cuando unos papeles de un estante se volaron por el viento. Al cabo de unos segundos pudo distinguir en la sombra la silueta de un hombre encapuchado, aunque ciertamente su rostro era poco visible por la oscuridad, como sumido en las tinieblas de su propio atuendo.
-¿Quién es?-insistió el hombre viejo.
El hombre encapuchado dio unos pasos al frente y lentamente dejó reposar su capucha en su espalda y el rostro le quedó visible. Era un hombre joven, al menos veinte años más joven que el hombre viejo, de rostro tenso y mirada tenaz.
-Soy el hijo del hombre al que mataste, soy la sentencia que tú mismo te dictaste. Soy tu juez y tu verdugo, tu condena inevitable, tu destino inaplazable. Soy tu muerte.
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Por A.L.M.

viernes, 25 de febrero de 2011

Y dijo Near...


Nadie sabe qué es lo correcto y qué no lo es, qué es justicia o iniquidad. Si hay un dios, aunque ese dios me lo dijera, yo reflexionaría... Y yo mismo decidiría si lo que me dice es correcto o no.

jueves, 3 de febrero de 2011

Soy inmortal hasta que se demuestre lo contrario...


La muerte no existe, pues cuando estamos nosotros no está ella, y cuando está ella no estamos nosotros. Nosotros morimos, pero somos virtualmente inmortales, pues las esferas de la muerte y del individuo nunca se juntan, ya que al estar uno no está el otro. Sólo el que cree en tener que dar cuentas a alguien tras la muerte es el que se preocupa por ella. Por eso la creencia en la vida más allá de la muerte no hace más que hinchar el temor a la misma; el que la comprende realmente no la teme.
La vida tiene suficientes alicientes como para que sea bueno vivirla.
EPICURO

jueves, 27 de enero de 2011

En un principio... 3/3

Ahora bien, en aquel principio ambos dos estaban desnudos, pues dado que no había academia de canto, mucho menos iba a haber mercadillos gitanescos, por lo que no podían comprar ropa. No obstante, a Adán y Eva esto no les importaba, pues no eran conscientes de su desnudez, probablemente por alguna carencia visual que les impedía verse con detenimiento y ser conscientes de sí mismos; y como en aquella época tampoco existía Afflelou, no le podían poner remedio.
Pero entonces Lucifer transformado en serpiente se arrastró por la hierba del Jardín del Edén y se enroscó alrededor del árbol prohibido por Dios, cuyas frutas no eran otra cosa que zanahorias. Porque en aquella época las zanahorias crecían de los árboles, pues Dios veía que esto era bueno, y con eso todo queda suficientemente justificado, así que, queridos lectores, dejad de cuestionar. Y Lucifer esperó hasta que Eva se arrimó un día al árbol prohibido, probablemente porque de entre todos los miles de árboles que había en el Edén pasaba por allí casualmente. Y la serpiente Lucifer díjole a Eva: “¿Cómo es que Dios Todopoderoso os prohíbe comer de este árbol?”. A lo que Eva le contestó: “No lo sé; Él simplemente nos lo dijo, y dado que nos creó para servirle y alabarlo, es lógico que lo acate sin cuestionarlo”.
Pero Lucifer era el señor de los ardides, y quería que Eva comiese la zanahoria prohibida, así que díjole: “Pero mujer, ¿acaso no sabes que la zanahoria posee vitamina A, la cual es muy beneficiosa para la vista?”. “¿En serio?”, preguntó la incrédula Eva. “¡Desde luego! Además de otros componentes eficaces para el organismo, como la vitamina E y vitaminas del grupo B como los folatos, así como la niacina. Por no hablar de su aporte de potasio, fósforo, magnesio, yodo y calcio”, le explicó Lucifer. Ante esta información, Eva quedó patidifusa, no obstante aún no estaba totalmente convencida, pues sospechaba que Lucifer pretendía engañarla. Mas el señor de los ardides guarda trucos para todos, por lo que díjole a la mujer: “Y también es bajo en calorías”. Y fue en ese momento en el cual a Eva le entró auténtico interés por la zanahoria prohibida, porque ya por aquellos principios a la primera mujer le importaba lo de perder peso, y eso que no había otras mujeres con las que compararse. Y después de comer ella de la zanahoria prohibida le dio de comer a su marido Adán, y entonces se les abrieron los ojos a ambos, gracias a la vitamina A, y pudieron ver que estaban desnudos. Ante esta novedad se cuenta que su primera reacción fue irse detrás de un matorral (quién sabe para hacer qué), pero que posteriormente, cuando Dios Todopoderoso volvía de uno de sus largos paseos por el Vacío y bajó a la Tierra para saludar, a ambos les entró vergüenza y ocultaron sus partes nobles. Y Dios quiso saber por qué se ocultaban de aquel modo. “Porque estamos desnudos, Padre Creador”, respondió Adán. “Pero antes también estabais desnudos”, reprochó Dios. “Lo estábamos, pero no éramos conscientes de ello, cual animalillo silvestre. Y ahora que me veo y soy consciente de mi desnudez, te digo que podrías haber sido un poco más generoso con mis atributos”, le recriminó Adán. Al escuchar esto, Dios estalló en cólera, y díjole: “¿Qué importa eso, si no hay otros hombres con los que la puedas comparar? Esto sólo puede significar una cosa: habéis comido del árbol que os prohibí comer. ¡Seguro que fue todo culpa tuya, Eva!”. Y Eva se sintió muy desgraciada y avergonzada por ser el origen de todos los males del hombre, y no así Lucifer que fue el creado por Dios. Tras esto, Dios maldijo a la serpiente Lucifer, maldijo a Eva y a toda su estirpe, maldijo a Adán y al suelo que él pisase, y no maldijo a nadie más porque por aquel entonces no había más gente en la Tierra. “Por haber escuchado la voz de esta mujer, que yo mismo te entregué, y comido de la zanahoria que te prohibí comer, con el trabajo de tus manos y el sudor de tu frente te ganarás el pan a partir de ahora. Os destierro para siempre del Jardín del Edén”.
Y Adán y Eva fueron baneados del jardín y desde entonces tuvieron que trabajar para sobrevivir, aunque no se sabe muy bien de qué, puesto que en aquella época no había tiendas. Y crecieron y se multiplicaron, y tuvieron muchos hijos e hijas que, por lógica, tuvieron que procrear entre ellos puesto que eran los únicos habitantes de la Tierra. Y he aquí la prueba indiscutible de que los hijos de Adán y Eva son los padres de la Humanidad, pues al parecer cuando gente de la misma familia procrea, tras varias generaciones los hijos suelen nacer con enfermedades mentales.

FIN

Por A.L.M.

En un principio... 2/3

Por desgracia, Lucifer estaba muy enojado por el golpe recibido en la frente, y su corazón se llenó de maldad y envidia, y quiso destronar a su Padre Creador. Pero por supuesto, en sus orígenes Lucifer no albergaba maldad en su corazón, pues eso significaría que Dios lo creó con tal atributo; fue el tropiece con la túnica de Dios, y su consiguiente golpe en la frente, lo que hizo que, externamente, entrase la maldad en él… lo que aún nos deja con el inconveniente de que de algún modo fue Dios el responsable de que Lucifer se volviese malvado.
En cualquier caso, Lucifer corrompió a un tercio de los ángeles del cielo, ni uno más y ni uno menos, lo cual no dice nada bueno de la creación de Dios, que a las primeras de cambio se les rebela, pero en fin… esos son temas de otra índole. Y tras una guerra muy muy larga, Dios derrotó a Lucifer y lo desterró a la Tierra, y aún hay quien dice que le fueron cortadas las alas. Desde entonces Lucifer suele aparecerse en forma de larga serpiente, quizás para paliar su acomplejamiento por su castración alada.
Después de esto, Dios estaba deseoso de echarse una siesta, pues entre la larga larga guerra y los miles de millones de eones que se había llevado paseando no había dormido nunca, ya que no había noche. Entonces dijo Dios “¡Hágase la luz!”, y la luz se hizo (obvio, ¿verdad?). Y vio que la luz estaba bien, lo cual es lógico, pues si la luz estuviese mal no se vería porque probablemente estuviese apagada. Pero ahora todo el Vacío estaba lleno de luz, tan blanco como su celestial dentadura, y Dios se dio cuenta de que se había convertido en su homónima femenina, y esto no podía ser. Por tanto separó la luz de las tinieblas, y a la luz la llamó “día” y a las tinieblas las llamó “noche”. Podría haber elegido otros nombres cualesquiera, pero esos les pareció bonitos. Y una vez que hubo día y hubo noche, Dios se echó una siesta.
Posteriormente a lo largo de 5 días, Dios separó las aguas de la tierra, y así se formaron los mares; produjo las hierbas, los árboles y sus frutos, y así se formó la flora; creó luceros que gobernasen el día y la noche, y así se formaron el sol y la luna; y dio vida a las bestias marinas y aladas, así como a las terrestres, y así se creó la fauna. Podría haberlo creado todo en un solo día, pero lo hizo en 5, y he aquí la prueba indiscutible de que Dios es obrero.
Y al sexto día Dios tuvo una gran idea. Puesto que los ángeles le habían decepcionado con su comportamiento, decidió crear nuevos seres que fuesen completamente perfectos y libres de pecado, que no se corrompiesen nunca y le alabasen por los siglos de los siglos. Así que cogió un puñado de sucio y asqueroso barro y lo moldeó hasta tallar una forma humana, y luego arrojó su odorífero aliento sobre ella y le dio vida. Muchos años más tarde, al comprobar con mayor perspectiva temporal el resultado, Dios se arrepintió de haber sido tan tacaño con la materia prima que empleó, pero aun así Él vio que esto era bueno.
Así fue como Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, lo cual no dice nada bueno de la imagen y semejanza de Dios; y lo llamó Adán. Se estima por consiguiente que Adán también era obrero. Y Dios estaba contento con Adán, tanto que al día siguiente plantó en una parcelita de la que se había adueñado el Jardín del Edén, nombre que probablemente sacase de cambiar las “a” de “Adán” por “e”… se deduce que Dios estaba poco creativo en aquel momento. Tras esto díjole a Adán que podía comer de cualquier árbol del Edén salvo de uno de ellos, aunque hubiese sido más fácil arrancar dicho árbol para impedir así la tentación… pero todo esto era, posiblemente, parte del inescrutable plan de Dios, y no debe ser cuestionado. Y Adán aceptó la prohibición y Dios vio que esto era bueno.
Estaba Él satisfecho con su creación, hasta que se percató del mayor error que había cometido en toda su larga existencia eterna: no había hecho a Adán asexual. Y Adán le pedía desesperadamente una compañera, pues veía que hasta los cerdos copulaban y él tenía que contentarse con el trabajo de sus manos y el sudor de su frente. Es por ello que Dios dio de beber vino en abundantes cantidades a Adán para que éste cayese en un profundo sueño y no sintiese nada cuando le abriese el canal para sacarle una de sus costillas. Y de esa costilla creó a la mujer… podría haberla creado también del barro, pero prefería que la mujer tuviese algo que deberle al hombre. Y a la mujer se le dio el nombre de Eva, y Dios vio que era bueno.

En un principio... 1/3

En un principio estaba Dios Todopoderoso... refiriéndome, claro está, al dios cristiano, pues, ¿qué otro dios puede ser?
Dios se paseaba por el Vacío sin saber muy bien qué hacer. No obstante, Dios ya estaba deseoso de contar con un poco de compañía después de haber pasado miles de millones de eones vagando solitariamente por este umbroso y tácito Vacío, del que no se sabe muy bien su origen, o si ya existía antes que Dios, o si fue Dios Todopoderoso el que lo creó… pero claro, si fue él quien lo creo, ¿por dónde puñetas paseaba antes?
En cualquier caso, Dios quería un poco de compañía, y en un principio pensó en crear su homónima femenina, pero, en su infinita sabiduría, se dio cuenta que si creaba a una Diosa de igual poder al suyo se le iba a acabar el chollo, pues probablemente le obligase a lavarse sus divinas sandalias antes de salir a pasear por el Vacío. Por tanto Dios desechó aquella idea, y he aquí la prueba indiscutible de que Dios es un hombre, pues si fuese una mujer el Vacío no sería negro, sino blanco como los chorros del oro.
Y así fue como, en un principio posterior, a Dios se le ocurrió la idea de crear a los ángeles; seres alados de inmensa belleza, y rubios probablemente, asexuales y de género ambiguo, que le sirviesen y adorasen como su Padre Creador, porque Dios no era tonto. Y he aquí la prueba indiscutible de que Dios no era tonto, pues si no los hubiese creado asexuales, los ángeles se hubieran llevado más tiempo aleteando que adorando.
Así pasó mucho tiempo Dios Todopoderoso, y evidentemente algún que otro ángel terminó por cansarse de cantar alabanzas y tocar la lira constantemente, porque otra cosa no había para hacer… ¡estaban en el Vacío! El más listillo de ellos, llamado Lucifer, era la mano derecha de Dios Todopoderoso; y cuando estuvo bien cansado de corear una y otra vez durante miles y millones de eones las mismas repetitivas canciones (pues en el Vacío por no haber no había ni originalidad) se acercó al sacrosanto oído de Dios y le rogó que creara alguna academia de canto para que pudiesen aprender canciones nuevas. Y Dios vio que esto era bueno, mas había un grave inconveniente: en el Vacío no había ladrillos, y sin ellos no podría crear la academia de canto.
Es por ello que en este principio ya un poco adelantado, Dios creó los cielos y la tierra, aunque no está claro cuál de ellos creó antes; si una tierra sin cielo o un cielo sin tierra. E inicialmente la Tierra era cuadrada, pues Dios vio que era bueno que tuviese esquinas en las que poder apoyarse cuando estuviese cansado de sus largos paseos por el lúgubre Vacío, hasta que cuando Dios mandó llamar a Lucifer para que contemplase su obra, éste tropezó accidentalmente con la bienaventurada túnica de su Padre Omnipotente, tan larga que cuando Dios volvía de sus paseos, la túnica aún estaba saliendo; y al caer se chocó con uno de los picos de la Tierra y se hizo una brecha en la frente, y algunas gotas de su sangre cayeron sobre la Tierra y se formó el Mar Rojo. Y desde aquel fatídico momento a Lucifer se le conoció como el Ángel Caído.
A raíz de este incidente, Dios le dio un manotazo a la Tierra hallándose irritado por la desgracia de su aquejado súbdito, y la Tierra se hizo plana. Y Dios, sorprendido por su propia capacidad creadora, vio que esto era bueno. Pero sólo en un principio, pues al pararse a observar detenidamente lo acontecido, vio que las aguas de los mares y océanos (que venían de regalo con la Tierra) se caían por los bordes. Y entonces Dios vio que esto no era tan bueno, por lo que arrojó su aliento vital en el interior de unos de los múltiples cráteres de la Tierra y la hinchó como un globo hasta hacerla redonda. No obstante, aun así las aguas seguían cayendo por la mitad de la Tierra que quedaba boca abajo. Entonces Dios creó la Ley de la Gravedad y solucionó el problema. Y vio que esto era bueno.